Zona de confort, ¿éxito o pesadilla?

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Zona de confort, ¿éxito o pesadilla?

Hoy quería pasarme por aquí para hablar de un concepto muy importante en los procesos de coaching: la conocida y temida zona de confort.  Un concepto que se utiliza para hablar de aquellas situaciones en las que nos sentimos cómodos, las conocemos y forman parte de nuestra cotidianidad. La zona de confort nos da seguridad y es necesaria para nuestro equilibrio emocional y psicológico, pero agarrarnos a ella y no dejarla nunca atrás puede ser perjudicial.

Hoy quiero hablaros un poquito más de esto y haceros una reflexión. Porqué en los últimos tiempos creo que se ha abusado tanto de este concepto siempre de una misma forma -atrévete, lánzate, así tendrás éxito- que ha perdido un poco su sentido. En realidad, la obsesión por superarnos constantemente esconde muchas veces una no-aceptación de quien eres que no conduce a una relación sana y plena contigo misma.

Que es de verdad la zona de confort

Nuestro hábitos, rutinas y forma de organizarnos, las personas de las que nos rodeamos siempre o incluso nuestra forma o motivaciones para tomas decisiones forman parte de nuestra zona de confort. Es aquella zona conocida, donde aparentemente controlamos lo que ocurre y sabemos cuales son los resultados que producen nuestros actos. Son situaciones que requieren poco esfuerzo mental por nuestra parte, por ejemplo, el camino que haces cada día para ir a trabajar o la receta que haces para comer cada domingo.

Es una zona sin riesgo donde sentimos que tenemos el control sobre lo que ocurre. Pero la realidad es que el riesgo 0 no existe y, incluso sin quererlo, en nuestro día a día se presentan multitud de situaciones que nos sacan de nuestra zona de confort. El día en que llegas tarde y el transporte público va con retraso, o que confundes el azúcar con la sala mientras cocinas, o el momento en que tu móvil se queda sin batería cuando más lo necesitabas. Y estos son ejemplos mundanos, poco profundos, pero a veces la vida también se encarga de situarnos fuera de ella con situaciones mucho más difíciles e incómodas.

La zona de confort también nos protege

Por eso es importante saber que la zona de confort no siempre es mala. De hecho, tiene un gran sentido que es darnos seguridad y sentirnos protegidos. Nuestra mente se siente tranquila, toma decisiones de forma rápida y segura (porqué controla los resultados) y nos sentimos a gusto. Quizás no plenamente satisfechos pero sí cómodos y seguros.

Aún así, debemos cuestionar a que tipo de seguridad y comodidad nos estamos refiriendo. A veces, nos sentimos insatisfechos, cansados o aburridos porqué, aunque nuestra zona de confort nos sitúa dentro de un orden social donde tenemos un lugar, este no se identifica realmente con quien queremos ser y con nuestro verdadero propósito. Quizás más que de seguridad y comodidad, a mi me gusta hablar de bienestar y confianza. Construir una zona de confort en base a nuestro bienestar, a aquello que nos hace sentir realmente bien, y donde no lo controlamos todo pero sí tenemos una actitud de confianza, hacía nosotros mismos y con lo que nos rodea.

Pero nuestra vida no puede ser siempre comodidad

Sea como sea, aunque la zona de confort es muy cómoda y, cómo hemos visto, incluso puede tener sentido, eso no puede ser siempre así. La incomodidad o el miedo forman parte de la vida. Sentirlos es normal y debemos saber afrontarlos. Además, cuando queremos crecer, transformar nuestra vida o cambiar cosas, necesitamos de retos, estímulos y nuevos aprendizajes que nos sitúan lejos de nuestra zona de confort.

Normalmente, cuando pensamos en salir de la zona de confort podemos sentir sensación de estrés, de miedo a lo desconocido o al fracaso, una fuerte autocrítica sobre tus capacidades y deseos, excusas -muy razonables para tu mente- para no afrontar o incluso envidia de quienes ya han logrado lo que tu estás buscando.

Por el contrario, si nos mantenemos durante mucho sin nuevos estímulos, instalados en una rutina que no cambia y sin retos que nos permitan desarrollar nuestras capacidades, podemos sentir baja autoestima, frustración o apatía. El ser humano necesita de estímulos y retos que le permitan desarrollarse personalmente, entrando en una zona de aprendizaje que le permite conseguir nuevos objetivos.

¿Qué puedo hacer si quiero salir de ella?

Salir de la zona de confort no quiere decir hacer siempre un cambio drástico y radical que cambie tu vida por completo. Hay muchos pequeños cambios que te permiten salir de tu zona de confort, explorar tus límites y buscar nuevos retos sin necesidad de ser radical. Aún así, huye de formas milagrosas y de “pasos concretos” porqué en esto no existe la magia. Requiere mucho autoconocimiento saber cuál es tu forma de salir de la zona de confort. Pero me permitiré hacerte tres recomendaciones que puedes tener en cuenta para empezar.

Así que, lo primero que te diría es: empieza por pequeñas cosas que te permitan detectar tus límites internos y externos y saber que es aquello que más te cuesta para salir de tu zona de confort. ¿Tiene que ver con cambiar tus rutinas? ¿Te cuesta construir nuevos hábitos? ¿O quizás es el miedo al fracaso que te frena? ¿Tienes un yo saboteador que te impide avanzar? Si empiezas por pequeñas cosas podrás ir detectando estas limitaciones y abordarlas antes de afrontar un cambio más grande.

Lo segundo, es aprender a aceptar que no siempre tienes el control. Nuestra zona de confort nos da seguridad porque sabemos que podemos controlar las cosas para que sean o pasen de una determinada forma. Al salir de ella no enfrentamos a nuevas formas, situaciones y personas que no controlamos y que debemos aprender a aceptar.

Mi tercera y última recomendación seria tener paciencia. Cuanto más grande y profundo es un cambio más tiempo necesitamos para llevar a cabo la transformación y dejar atrás nuestra conocida zona de confort. Mayor será también el miedo o la incertidumbre, que debemos aceptar que sentiremos en algún momento y que forma parte de la normalidad. Eso puede desgastarnos mucho y hacernos sentir exhaustas, así que sé consciente de ello y cuídate. Aún afrontando nuevos retos busca espacio para tu bienestar y para la confianza.

Mi reflexión: toma tú la decisión

Para terminar, lo que hoy quería transmitirte es que tengas claro que tu tienes el poder. No podemos salir de la zona de confort constantemente. En los últimos tiempos se nos estimula constantemente a salir de ella, a atrevernos, a ser valientes y a “tener éxito”. Pero eso no puede ser así siempre. En nuestro día a día y en nuestra vida debemos encontrar el equilibrio entre ambas cosas. Si queremos crecer o conseguir nuevos objetivos seguramente tendremos que salir de ella en menor o mayor medida. Pero no hay nada de malo en sentir placer, bienestar y comodidad, así que no te sientas obligada a salir de ella porqué toca.

Además, la zona de confort nunca acaba. Cuando la hayas superado empezarás también a construir una nueva zona de confort que algún día futuro necesitarás abandonar. Pero no siempre será el momento adecuado para hacer este camino. Escúchate. Ten presente para qué haces las cosas y toma tú las decisiones. No abandones una situación de seguridad presionada por los demás o las normas sociales. Busca tu propio camino, momento y manera.

Pero, sobre todo, toma consciencia. Reconoce en que momentos estás renunciando a cosas que quieres porqué tienes miedo a lo desconocido, en que momentos has dejado de atreverte por si fracasas o en que situaciones tus creencias te han impedido aprender otra forma de hacer las cosas. Estoy segura de que sí estás por aquí es porque quieres seguir creciendo personal o profesionalmente. Así que toma tú las decisiones, pero no dejes de tomarlas por miedo.

Y ahora me gustaría saber ¿qué entiendes tú por zona de confort? ¿Entiendes que significa superación? ¿O te sientes frustrada porqué la asocias al éxito? Me encantará saber que entiendes tu por zona de confort y como te sientes hablando de ello para poder acompañarte mejor en próximos artículos.

Un abrazo fuerte,

PD: hace unos años leí este artículo de Amparo Millán y fue el primer momento en el que miré la zona de confort desde otro lado. Después vinieron mucha reflexiones más -a día de hoy comparto parte de lo que dice pero no todo- pero me ha gustado mucho recuperarlo al preparar este artículo y compartirlo contigo por si te apetece leerlo y seguir reflexionando sobre ello.

PD 2: sobre decir adiós al miedo.

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2 Comentarios
  • Amparo
    Posted at 09:37h, 12 junio Responder

    Martina, muchas gracias por compartir mi artículo!
    Hacía mucho que no pensaba en este término de la zona de confort y me ha gustado mucho leer tus reflexiones.
    Un abrazo!!

    • Munsa | Martina Maresme
      Posted at 23:11h, 12 junio Responder

      Gracias a ti Amparto por leer mis reflexiones, que honor, de verdad. Tu artículo es de aquellos que hace tiempo que tengo guardados y me gusta mucho releer 🙂
      Un abrazo grande!

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