Vocación y talento, ¿relación de amor u odio?

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Vocación y talento, ¿relación de amor u odio?

Ayer estrené por fin un nuevo canal de comunicación que hacía tiempo que me apetecía probar para mostrarme más cercana. Se trata de IGTV, dónde colgué mi primer vídeo siguiendo la máxima mejor hecho que perfecto. Y precisamente en ese vídeo te hablaba de que es el talento y cuáles son sus tres elementos indispensables para que exista (spoiler alert: poder, querer y actuar). Por eso hoy me apetecía hablarte de algo que para mí está bastante relacionado. La relación entre el talento y la vocación. ¿Se quieren o se odian?

Quién es quién en esta relación

En primer lugar, talento hace referencia a la unión de las capacidades, compromiso y acción que te permite destacar. Es decir, algo que por nuestra situación podemos y queremos hacer pero que, además, lo hacemos. Puedes ser muy buena en algo que no te motiva para nada o a la que no le ves el sentido. Puedes ser muy buena en algo que nunca haces. Bien, entonces será una habilidad, pero no será un talento.

En cambio, la palabra vocación, que proviene del latín vocāre, “llamar”, se define como inclinación a un estado, una profesión o una carrera según la RAE. Es decir, aquello que tenemos deseo por hacer y que está fuertemente ligado a nuestros valores, intereses y aptitudes. Es algo que asociamos con una llamada o voz interior que no siempre tiene que ver con lo profesional, aunque en nuestra sociedad se haya mostrado así. De hecho, errar la vocación es una expresión que se utiliza para referirse a la dedicación a algo por lo cuál no se tiene disposición.  

La relación entre talento y vocación

Hace un tiempo, en un ejercicio de escritura terapéutica, estuve reflexionando sobre vocación y talento. Escribí primero mi vocación, que hacía referencia a invitar a los demás a reflexionar sobre sus propias vidas. Entonces, vino la pregunta sobre los talentos en relación con la vocación. Y me quedé en blanco. Descubrí, asustada, que no sabía que talentos podían ayudarme a materializar mi vocación.

En aquel momento no me sentí preparada para ahondar más en ello. Miré a mi alrededor y escribí algunos supuestos talentos, que poco tenían a ver conmigo y con mi vocación, pero que me permitían pasar al siguiente ejercicio con la mente en paz porqué había acabado el ejercicio.

Pero más tarde aquello volvió a mí. Así es la vida, que si no quieres enterarte se encarga de recordártelo. Estaba pasando mi segunda reinvención profesional. Una carrera terminada, cuatro años de esfuerzo y una primera reinvención después. Allí estaba yo. Otra vez en la línea de salida, perdida y desorientada. Y no recuerdo muy bien porqué ese ejercicio que había dejado sin hacer dos años atrás volvió a mí.

Entonces mi vocación se había definido, matizado, ampliado, pero tenía claro que si quería llevarla a un plano real necesitaba conocer de verdad cuales eren mis talentos. No aquello que se me daba bien. No aquello que otros pensaban que yo hacía bien. No aquello que podía tener un futuro. Aquello que yo sabía que podía, quería y sabía hacer. Esa es la relación que une vocación y talento. Nuestros talentos existen para que podamos hacer realidad nuestra vocación. Y por eso ambas se entrelazan y necesitan, pero no son lo mismo.

¿Son para siempre talento y vocación?

Tus talentos te permiten elevar tu vocación a la máxima potencia. Compartirla. Hacerla llegar a la gente. Pero entonces ¿mi vocación y mis talentos son para siempre? Una vez los he descubierto ¿ya no hay vuelta atrás? Estas preguntas fueron las que me paralizaron en su momento. Sentía que, si escribía mi vocación y mis talentos, si grababa aquello en un papel, me ataría a ello para siempre.

¿Cómo no iba a pensarlo si vivimos en una sociedad que se pasa el día diciéndote que tu vocación es importante y es para siempre? Que si no lo encuentras nada tiene sentido. Que si no lo encuentras no puedes ser feliz. ¿Cómo no iba a pensarlo si en nuestra sociedad los futbolistas son las personas más talentosas que existen? Que no sólo hacen lo que quieren, sino que se les da genial y ganan millones por ello.

Esa sensación me hacía sentir perdida, frustrada y profundamente desmotivada. Nada de lo que pensaba o de lo que creía parecía tener sentido. Hasta que comprendí que no era así. Que la vocación cambia porqué yo también cambio. A veces serán grandes cambios, a veces sólo serán matices que la hacen más rica. Entendí que no todos los futbolistas son talentosos porqué algunos son profundamente infelices. Pero, sobre todo, entendí que el talento tiene muy poco que ver con lo que la sociedad reconoce y mucho más con lo que a mí me conecta.

Si quieres descubrir tu talento y vocación, empieza por descubrirte

Yo creo que todos tenemos una vocación y un talento que (nos) conectan. Hay algo que nos llama, aunque no siempre sepamos entenderlo. Y siempre hay talentos aprendidos o por aprender que se entrelazan. Nuestra misión es descubrirlo día tras día para llevarlo a nuestra realidad y sentirnos conectadas, inspiradas. Y para eso tienes que empezar por escucharte.

Escucharte es el primer e indispensable paso para descubrirte. Porqué ya te habrás dado cuenta de que vocación y talento no hablan sólo de lo que sabemos hacer, sino de algo mucho más profundo. Hablan de nuestros valores, nuestras motivaciones, nuestro anhelos y sueños. Y sólo cuando sabes quién eres puedes llegar a descubrir todo eso de verdad.

Por eso apuesto por una relación de amor en esta historia. Aunque a veces nuestros talentos y nuestra vocación parezcan odiarse, si nos tomamos el tiempo y el espacio necesarios siempre descubrimos la bonita conexión que existe entre ellos. No siempre es fácil, pero nadie dijo que el proceso de auto-descubrimiento fuera fácil.

¿Empiezas ahora?

Un abrazo,

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