Visibilidad Emprendedora: los principales obstáculos para emprender

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Visibilidad Emprendedora: los principales obstáculos para emprender

Superamos ya el ecuador de Visibilidad Emprendedora, la iniciativa para compartir, reflexionar e inspirar acerca de la mujer emprendedora. Lo hacemos con el tercer tema: los retos, miedos y creencias limitantes que debemos enfrentar cuando decidimos emprender un proyecto personal o profesional. Algo sin duda muy relacionado con el crecimiento personal y el autoconocimiento que supone dar el paso, como ya vimos la semana pasada.

Cuando una mujer decide emprender enfrenta muchos obstáculos externos (de los que podemos hablar otro día) pero sobre todo, obstáculos internos muy relacionados con su propia autopercepción y el valor que da a sus capacidades para hacerlo. Son los conocidos como factores informales y, según muchos estudios, los más relevantes para explicar las menores tasas de emprendimiento femenino. Destacando la percepción de las habilidades, por una parte de la sociedad, en qué medida nos percibe capaces de crear empresas. Pero también de las propias mujeres emprendedoras, en qué medida nos percibimos capaces de hacerlo (si te interesa, hablo más de ello en mi trabajo de investigación sobre el coaching y el mercado laboral en España).

Así que hoy, 19 de noviembre, en el Día Internacional de la Mujer Emprendedora, he creído más que adecuado hablar de lo que supone sin duda alguna un impedimento para nuestro crecimiento. Porque, como podrás ver, en sus historias y respuestas hay mucho de cómo nos valoramos, cómo nos vemos y sobre todo, sobre cómo confiamos en nuestras capacidades.

Por eso del miedo, de los retos y los obstáculos vamos a estar hablando esta semana con nuestras 10 fantásticas emprendedoras. Ellas se abrieron a compartir cuáles habían sido los principales miedos, barreras y creencias cuando decidieron emprender. Pero no sólo eso, sino que también nos cuentan cómo han cambiado y evolucionado hasta el día de hoy.

“Me asusta el miedo al fracaso, no por la gente que me rodea sino para mí”

Para mí el primer miedo es la estabilidad económica. Soy una persona muy de patrones y de pensar que sin un mínimo no puedo vivir. Y de golpe surge un agobio de ¿y si no llego a fin de mes?, que creo que es una preocupación natural, pero, si fluyes en esto, te das cuenta de que quizás no necesitas tanto, que también está bien verlo. Vamos poco a poco, paso a paso. Creo que este es el miedo más grande que mentalmente tengo, el económico, el “no me va a salir bien”.

La otra cosa que también creo que me asusta es el miedo al fracaso. Pero ya no por la gente que me rodea sino para mí, de decir, estoy haciendo esto, ¿qué impacto podría tener en mi bienestar emocional y con mi relación conmigo misma si esto no sale a flote como yo quiero? Y éste es otro de los miedos, decir, ¿cómo puede afectarme? Pero como de momento va bien, no vamos a pensarlo.

“Me ha ayudado compartir esos miedos y ver que otra está en otro nivel, ver como lo ha hecho me ayuda”

Creo que mi mayor miedo realmente ha sido el miedo de la abundancia, del dinero. Sobre esto ahora estoy leyendo, escuchando un montón de podcast, porque me he dado cuenta de las creencias limitantes con las que hemos crecido en nuestra cultura y también en las familias. Siempre escuchando del trabajo seguro, el trabajo estable… cuando, si me conoces, no encajo nada en algo así. Pero era como escuchar siempre la emisora con este mensaje y claro, pensé, esto de hacerlo tú sola quizás es imposible. Ahora esto ha sido un gran descubrimiento, pero era un miedo, un miedo importante.

También el tema del sacrifico, que creo que también va muy ligado a nuestra cultura. Esa sensación de tenerte que sacrificarte tanto me daba mucho miedo. De hecho, aquí lo que me ha ayudado ha sido formar parte de mentorings, tener una buena estrategia de productividad, formar parte de comunidades de emprendedoras. Como compartir esos miedos y ver que otra está en otro nivel, ver como lo ha hecho me ayuda. Pero la abundancia y el fracaso han sido dos miedos importantes.

Aunque, cuando me hacías esta pregunta pensaba, que al principio me daba más miedo quedarme más tiempo encerrada en una pecera que lanzarme. Y justo en el primer momento llevaba tanto tiempo sintiendo esta presión y prisión que fue como, por fin me he decidido. Y como irme a vivir a Australia era algo que hacía ya un tiempo que lo estaba preparando y afrontando dejar el piso, dejar los trabajos y todo, ya venía como muy preparada. Así que fue como ahora que veo que quiero quedarme aquí pues lo hago con mucha ilusión. Después empezó lo otro de verdad, los miedos que te decía.

“Al principio no tenía nada que perder, no tenía nada de miedo. Ahora sí porque tengo muchas cosas que perder”

Yo creo que, como están a un nivel tan subconsciente, o las trabajo y las hago conscientes todo el rato, o en el momento que me despisto vuelven. La semana pasada salí dos días a las nueve de la noche. Y salí a las nueve de la noche porqué me bajo esa consciencia que le pongo a esto. Para mí el éxito tenía que ver con el reconocimiento de los otros, no el auto, y ahora tiene más que ver con un estilo de vida. Pero a la que me despisto, eso vuelve allí porque es muy inconsciente.

Seguramente, en el camino encontraré también otras creencias, pero está claro que esas creencias yo las tengo que seguir trabajando hasta que no haya alarma que las baje. No sé si esto tiene algún fin, si algún día diré ¡ah ya está! o no. Pero de momento sigo en el camino. Cada vez me sale mejor, pero justo me pillas que soy muy consciente que me lo he saltado, bajé la guardia y me lo he saltado, es un trabajo constante.

Al principio fue todo tan inconsciente, tan poco pensado y vino todo en un momento personal muy frágil: acababa de salir de un emprendimiento donde acabé bastante mal con mis socios, me acababa de separar de mi pareja de toda la vida, vivía en un piso compartido en un lugar que no era ni de lejos lo que yo quería para mí, no tenía nada que perder, 0. Tenía 2000€ en el banco, si los tenía, entonces no tenía nada que perder, no tenía nada de miedo. Y creo que fue esa propia fuerza la que me llevo a emprender.

Es más, ahora tengo muchos más miedos que los que tenía en ese momento, porque ahora tengo muchas más cosas que perder. No conecto especialmente con ese miedo, no estoy todo el día pensado que miedo. De hecho, soy bastante temeraria, me va el riesgo, mi manera de solventar es en el hacer, no en el planificar. Pero sí, en el lanzamiento de la semana pasada pasé miedo, porque es como, esto a lo que yo estoy dedicando tanto tiempo, recursos e ilusión, a ver cómo va a ser acogido.

Hasta que en cierto momento paré, iba de camino a casa y pensé: “¿Cómo te sientes tu respecto a esto que estás haciendo?”. Ilusionada, contenta, me parece la mejor idea que he hecho. Como se va a recibir es un punto más de la lista, no es el punto. De hecho, me sentí tan orgullosa, tan contenta, tan satisfecha que le envié un mensaje a Gen, mi chica maravilla, y le dije, sabes que, vete eligiendo restaurante que lo vamos a celebrar. Da igual, no importa, no importa como salga, vamos a celebrarlo. Entonces el miedo en general no me para, a veces lo siento, dejo que pase, pero no me paraliza. Y seguramente es porque yo empecé todo esto desde la inconsciencia, yo no sabía que era emprendedora. Hasta hace 4 años yo no sabía que era emprendedora, yo pensaba que era autónoma. 

“Mis grandes miedos era sentirme juzgaga y el síndrome de la impostora”

Al final todo parte mucho del miedo. Por un lado, el miedo y por otro lado el amor. Son como las caras antagónicas y siempre vas poniéndole más amor al miedo en todos los sentidos para poder seguir avanzando.

Puedo decir que uno de mis grandes miedos era sentirme juzgada, el juicio externo, y el otro era el síndrome de la impostora. Tengo que decir que ninguno de los dos ha desaparecido a día de hoy, pero que ahora no me paralizan. De hecho, considero que nunca me han paralizado, pero sí que he tenido periodos en los que me han hecho sufrir bastante. Y esto ahora no pasa. Si entiendo que el juicio es mío, que no es externo, sino que es mío, esto se mejora trabajando ser cada vez más amiga de una misma, y en esas estamos.

“Poco a poco, a través de ejercicios, meditación, leer mucho, he ido aprendiendo a callarlos”

Los miedos son muchos, están todos haciendo cola para ver cuál es el siguiente que puede meter la cabecita y hacerte pensar. Pero sí que es verdad que, yo al menos, he aprendido a manejarlos siendo consciente de ellos. Al principio siempre hablaba de que el miedo es lo que me lanzo a emprender. Yo tenía miedo a que mi vida fuera lo que era. Entonces siempre he pensado que el miedo puede ser bueno. Porque me dio miedo pensar en la persona en que me había convertido.

Si que es verdad que yo he tenido que pasar un proceso de curación. Lo deje [mi último trabajo] ahora hará 2 años. El primer año seguí el mismo patrón, lo que había hecho antes, dejo este trabajo y ya estoy bien. Pero no, porque me estaba sintiendo mal y era algo mucho más profundo. Entonces, el primer año me costó mucho, pero porque yo no estaba bien, estaba teniendo esos miedos y no los estaba afrontando. Ha sido a partir del segundo año que he aceptado que yo estaba mal. He averiguado cuales eran mis miedos: mirarlos a la cara, reconocerlos y decir, tengo estos miedos. Poco a poco, a través de ejercicios, meditación, leer mucho, he ido a prendiendo a callarlos. Hago ejercicios de resetear mi mindset, mi mentalidad, algo muy nuevo para mí. Lo estoy empezando recientemente, desde hace un par de meses o algo más: leer, meditar y reconocer esos miedos y no dejarles influirme tanto. Antes estaba en una época que me sentía fatal y ahora estoy aprendiendo a no callarlos, pero si a decir que no es verdad, que no tienen razón.

El principal miedo es el “no soy capaz, no lo conseguiré”. Sobre todo, cuando admiras a alguien que se dedica a lo mismo, es una inspiración como persona incluso como profesional, pero cuando dices que esta persona está ahí arriba y yo siempre voy a estar aquí abajo, pues eso es un pensamiento limitante. Ahora estoy muy pesada con esto porque lo estoy trabajando mucho.

El otro día lo hablaba con una amiga que también es fotógrafa, aunque ella lleva más años en la profesión, y me decía en este sentido: “¿qué es lo que estás pensando? Pues yo igual”. Un poco para que yo no idealizara lo que es tener éxito profesional en este campo. Al final, cuando van saliendo las cosas y vas haciendo proyectos y ves que la gente responde bien, piensas, es que yo puedo hacer esto. Pero yo creo que el yo no soy capaz o el no soy suficiente, siempre están ahí. Por eso ahora estoy aplicándome la frase “soy suficiente para todo lo que yo quiero hacer”.

“Hay una energía emocional muy fuerte que se mueve y tienes que estar dispuesta a domarla”

Yo creo que he tenido las mismas que tenemos todas. De entrada, un cierto miedo a ¿voy a ser capaz? ¿esto va a ser un desastre? Cuando hablo de desastre es a nivel profesional, no voy a ganar dinero, pero desde luego a nivel personal, que vergüenza si esto no me sale bien de cara a mi familia, mi pareja, mis amigos. Ese temor al fracaso, a no conseguir lo que tú quieres, es muy paralizante y puede hacer que estés en bucle durante mucho tiempo hasta que te decides a dar el paso.

También es verdad que emprender no es para todo el mundo, montar un negocio creo que no es para todo el mundo. Tienes que tener muy claro que va a haber una agitación emocional constante. No sólo al principio, hay una energía emocional muy fuerte que se mueve y tienes que estar dispuesta a domarla. Esta actitud de aprendizaje continuo no es al principio, es para siempre jamás, con lo cual emprender es maravilloso, pero no es para todo el mundo. Uno tiene que saber a lo que se enfrenta.

Entonces, miedo al fracaso, miedo a no sabe. Hay un bloqueo muy importante que es la soledad, el no tener a nadie con quien contrastar tus decisiones, tus ideas, lo que te va pasando, los miedos que van surgiendo, que cada vez son diferentes. La soledad es importante, por eso creo que también es muy importante contar con un marco de apoyo que te sustenté. Cuando hablo de marco me refiero a otras emprendedoras como tú, unas que estén en tu mismo nivel, pero otras que estén en un nivel más avanzado, también de tener a un mentor que te ayude, un coach que te facilite gestionar toda esta energía y conectar con todas tus fortalezas y hacer crecer tus puntos de mejora. Hablo de construir un entorno para hacer bombardearte en positivo, en ves de bombardearte con el autoboicot de no voy a poder.

Creo que el temor al fracaso es uno de los más importantes y el de la incertidumbre también es muy fuerte, el no saber nunca. Me acuerdo de esta sensación, me preguntaba mi padre, “¿qué tal te va? ¿Cómo estás?”, y le decía, “este mes muy bien pero el que viene no lo sé”. Y él siempre me decía, acostúmbrate, siempre va a ser así. Ya verás, el mes que viene volverás a tener trabajo. Yo le decía “no lo sé, no lo sé…”. Hasta que con el paso de los años entendí que podía quitarme una parte de ese pesado peso porque sí que había trabajo. Además, la gracia está, en que como me preocupada muchísimo este tema, conseguí sistematizar mis acciones para provocar que mis ingresos fueran más o menos previsibles.

También está otro súper bloqueo, el del perfeccionismo, pero creo que este entronca con el miedo al fracaso. Es decir, como tengo miedo al fracaso, quiero todo tan perfecto que acabo no haciendo nada o haciendo muy poco, pero al final es miedo al fracaso, al que dirán, síndrome del impostor. Todo muy relacionado. Al final Munsa, es lo que tú decías, es un camino de crecimiento personal, cuanto más te conoces y más avanzas, más derribas los bloqueos.

“Aunque me siento muy segura en lo que hago a veces por la autoexigencia quieres saber más”

Para mi hay un miedo que siempre está, al principio mucho más y a medida que estoy aprendiendo y sintiéndome más segura menos, que es el síndrome del impostor. Está desde el principio y aún así, siempre es como, no sé suficiente, “¿quién soy yo para ponerme aquí a ayudar a otras personas, de verdad yo puedo hacer esto?”. Esto es lo que más me costó al principio y lo que aún está más o menos presente algunas veces. Aunque me siento muy segura en lo que hago, pero muchas veces aún la autoexigencia, quieres más y saber más y la verdad es que como más sé, más conozco, la conclusión es siempre la misma, que nunca llegaré a saberlo todo.

Ha sido también un trabajo bastante importante a nivel personal. Incluso ahora que he empezado más a hablar, a hacer videos, aparece “¿yo quién soy para hablar de ello y hablar de esto?”. Y luego, al contrario, ves que ayudas a muchas personas, ves que la gente te da muy buen feedback así que bien.

Luego también, en mi ámbito la gente era muy como: “con esto nunca te vas a poder ganar la vida. ¿Seguro que vas a hacer eso que no es rentable?”. Esto la verdad que, aunque lo escuchaba, soy muy echada para adelante y si me gusta pues voy a hacer esto y saldrá de alguna manera u otra. Pero sí que fueron los dos miedos más importantes en mi caso al empezar.

Si alguien me financiase y me diera el dinero que necesito para vivir, yo entregaría todo lo que sé y todo lo que hago de manera totalmente altruista

Mi dificultad es que tengo tendencia a olvidarme de las cosas que he conseguido superar, eso siempre me lo decía mi psicóloga. Siempre me fijo en lo que me falta y me olvido de lo que he conseguido. No recuerdo muy bien que creencias limitantes tenía cuando empecé. Fue un momento en que me empoderé mucho porque venía de tanto dolor y de una vida tan internamente triste, de tanta baja autoestima, culpabilidad y automachaque, que de repente me vi poderosísima, capaz de todo. También se quedó en mí un mantra que nos dijeron en la escuela: “Siente el miedo y hazlo igualmente”. Estaba tan motivada y tenía tantas ganas de compartir todo lo que yo estaba descubriendo sobre alimentación, en como podías sanar tu cuerpo que daba igual, yo quería compartirlo.

Tengo más la sensación de que a medida que todo se puso más profesional, más serio, y, sobre todo, en el punto de volverme empresaria, de dar el salto a crecer más y elevar el negocio a otro nivel, allí me asaltaron más creencias limitantes acerca de “no sirvo para ser empresaria”, “esto no es para mí”. Como tuve muchas dificultades para crear equipo también “no estoy hecha para crear equipo, no eres capaz”. Es decir, sobre todo, alrededor de no soy capaz de ser empresaria.

No siento que tenga un tema con la abunda económica, por ejemplo, con los precios. Porque cuando he tenido que poner precios más elevados los he puesto. Pero sí que es cierto que en muchos momentos yo he sentido, entorno al dinero, que puede ser una barrera para ayudar a los demás como yo quiero. Entonces era una dualidad entre la creencia de “sé que yo valgo y que lo que yo hago vale este dinero” pero también sé que hay personas que no tienen el dinero. Noto esa creencia en mí, esa otra vocecita. Yo sé que 180€, que es lo que yo cobraría por una sesión conmigo de coaching, no todo el mundo se lo puede permitir, y menos si tienen que hacer varias. Y no tengo ningún problema en creer que valgo eso, porque se las horas que paso y que le dedico, pero si tengo la creencia de saber que hay personas que se merecerían ser ayudadas y económicamente no se lo pueden permitir. Para mí eso ha sido una lucha. Por ejemplo, cuando subí precios al principio muy bien, pero cuando alguien me decía algo sobre el precio a mí me dolía en el alma. Era un lo siento, a mí me duele no poder ayudar por el precio. Porque yo quiero ayudar a cuantas más personas mejor.

Sinceramente, si alguien me financiase y me diera el dinero que necesito para vivir, yo entregaría todo lo que sé y todo lo que hago de manera totalmente altruista. Pero claro, luego tienes que vivir también y tienes que poder alimentar a tus hijos. Ahora que voy a ser madre, por ejemplo, también pienso en la responsabilidad que tendré. Y también me gusta comer bien, de calidad, ecológico, y tener una vida, pues bien, lo que para mí es bien. Y claro dices ¿cómo lo hago? ¿Cómo ayudo a cuantas más personas mejor sin a la vez tener que renunciar a un estilo de vida en el que yo sienta que pueda vivir bien?

Muchas veces lo pienso, ojalá tuvieras a alguien que te esponsorizará, alguien con mucho dinero, que lo hiciera porque le sobra, y me dijera: “Nuria apoyo tu proyecto, te lo doy, y tu ofreces todo lo que tienes sin que nadie tenga que pagar”. Y no es porque considere que tenga nada con la abundancia y el dinero, sino porque yo sé que yo quiero llegar a cuantas más personas mejor. Este ha sido uno de mis temas, no sé si le diría creencia limitante, sino como una dificultad para, con mi carta natal, poder encarnar en este mundo material cuando yo en realidad estaría ayudando desde otro lugar.

“Muchas veces yo no veo de mí, dudo de mí, y me pongo unas trampas que no veas”

Me ha venido, y te lo voy a contar, todos mis miedos a tomar la decisión final, que es “voy y digo que lo dejo”, poner una fecha y tal día ya no vengo a trabajar aquí. Mis miedos se centraban en: “¿voy a tener dinero para pagar cada mes mis obligaciones?”. Porque yo lo tengo todo: hipoteca, coche, todo, soy completita, y además tengo a mi hijo, tengo unas obligaciones. Mis obligaciones los equilibré con planes. O sea ¿cuánto tiempo puedo estar cobrando 0?

Lo compensé también, escuchando a las personas que me rodeaban. Porque muchas veces yo no veo de mí, dudo de mí, y me pongo unas trampas que no veas. El miedo aparece de las formas más insospechadas en mi vida. Entonces, piensas: serás tímida, no es miedo; serás poco previsora, no, es miedo; todo es miedo. Escuchando a las personas que me rodeaban y fiándome en lo que veían, personas con las que confías que sabes que eso que te dicen es verdad, aunque te cagues de miedo porque hacer eso significa que es algo grande.

Hubo un momento definitivo que fue cuando partí la lanza. Una práctica que Montse Pujada nos hizo el año pasado en extraordinaria, que fue romper una lanza con el cuello, con la parte blanda. Ponías tu intención, donde te querías enfocar en el año siguiente, fíjate, en el 2019, y la rompías con el cuello. Antes de hacer eso lloré, temblaba de miedo, porque yo sabía a lo que me estaba comprometiendo, a apostar por mí. Para mí eso era dejar un trabajo de 15 años. Y aquel momento en que luego la rompí y vi que ya está. He vivido con la decisión con lo mismo que con la lanza, miedo, tiemblas, la rompes y dice, que libre, era esto, pero cuanto tiempo he estado sufriendo para esto. Es decir, siempre es el momento previo, y de esto también me acuerdo en todas las decisiones ahora.

Mi máximo miedo siempre es el mismo. Siempre me pido estructura, porque me cuesta y trabajo cada día muchísimo en confiar en la vida. ¿Pero dónde está el equilibrio entre dejarle la responsabilidad a la vida o confiar en la vida? O sea, cuál es la diferencia. Allí, en ese matiz, es en el que trabajo. Vale, voy a confiar en la vida, ¿pero que vas a hacer para que la vida te ayude? Eso es lo que se está transformando, y los miedos se transforman según el momento.

Hay alguna clienta, o alguna que te pide presupuesto y acaba no siendo clienta, que te pasa a ti los miedos que ella tiene. Entonces, el saber distinguir lo que tú estás sintiendo si es tuyo o es suyo, para mí también es crecimiento. Saber decir, a ver, ¿esto es su miedo o es mío? Y si es mío, como la puedo ayudar, poniendo límites. En definitiva, crecimiento personal todo el día.

“Al final es la forma en la que nos hablamos, yo he tenido que ejercitar eso y lo sigo haciendo cada día”

Sobre todo, creo que lo primero “de que voy a vivir” o el “y si…”. He tenido que superar el y si, tenía un y si gigante en mi cabeza: “y si no tengo clientes, y si nadie me contrata, y si…”. Y el que será de mí, que será de mí en un mes, en dos, en tres. Esas son las barreras, que creo que son los miedos que tenemos todos. Pensamos que no vamos a lograr vivir de nuestro emprendimiento porque nos imaginamos lo peor, porque al final nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y le estamos mandando un montón de inputs de peligro. Entonces tu mente quiere que te mantengas en tu zona de confort, en tu zona cómoda, y te manda esos mensajes.

En Instagram lo represento como mi crítica interna, porque esos mensajes ahora ya son más personales hacía a mí, pero al principio eren de “¿Quién te piensas que eres tú? ¿Quién te va a escuchar a ti? Te podrías haber quedado como estabas, que estabas mejor…”. Al final es la forma en la que nos hablamos, yo he tenido que ejercitar eso y de hecho lo sigo ejercitando cada día porque cada día me lo vuelven los miedos. Creo que son miedos naturales que tenemos todos, a lo desconocido y a la incertidumbre. Luego cuando te pones en faena te das cuenta de que sí, que eres capaz.

El otro día lo comentaba con Ximena de la Serna, ella me decía “Lorena es que la vida te pone la red cuando saltas”, o sea, tienes que saltar para que la vida te ponga la red. Y efectivamente, todos esos miedos, de repente empiezas a luchar contra ellos y te das cuenta de que no era todo tan apocalíptico como tú lo pintabas al principio. Así que sí, creo que uno de los mayores miedos antes de emprender fue pensar que no me iba a contratar nadie, que nadie me iba a querer conocer, ver o comprar.

Una vez emprendiendo, el miedo a mostrarme, a dar la cara. Yo tenía como muy claro que no quería una marca personal, sobre todo decía, yo quiero una marca comercial, no necesito mostrarme ¿para qué? Luego ya te vas analizando y no, no es que no lo necesites, lo necesitas, pero tú te dices a ti misma que no lo necesitas porque lo que pasa es que estás cagada de miedo. Creo que esos han sido los mayores miedos, primero pensar que me iba a comer con patatas todo lo que había diseñado, trabajado, para materializar este proyecto. Y después, una vez hecho, el miedo a mostrarme y a dar la cara por mi marca y por lo que yo hago.

Estos son sus miedos, los retos que han afrontado y todo lo que han aprendido para superar los obstáculos que han encontrado en el camino

¿Compartes sus miedos? ¿Te has sentido identificada con alguno en especial? Seguro que has descubierto que tus miedos, tus dudas y tus barreras no son tan distintas a las que sienten ellas y, en definitiva, todas nosotras. ¿Verdad?

Un súper abrazo y feliz día,

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