Un nuevo aprendizaje: el miedo

Un nuevo aprendizaje: el miedo

Hoy quiero mostraros un post un poco más personal para que podamos empezar a compartir, y para compartir es importante ser sinceras con nosotras mismas y con las personas que nos encontramos por el camino. Es una reflexión que escribí hace unos días a raíz de mi participación en Talentària (tengo pendiente un post para explicaros porqué fue una experiencia ¡genial!) y un debate que hubo sobre la vulnerabilidad. ¿Nos perjudica en nuestros proyectos o carreras profesionales mostrarnos vulnerables? ¿Perderemos oportunidades profesionales por mostrar nuestra vulnerabilidad? Yo creo sinceramente que no. Que la vulnerabilidad es parte de la vida y que, como cualquier sentimiento, es un motor para aprender y para vivir. Y quizá nuestra sociedad aún no es un reflejo de ello pero en nuestras manos está poder cambiarlo. Por eso quiero compartir con vosotras este escrito sobre el miedo, algo que nos hace profundamente vulnerables, a ver qué os parece 🙂

 

Despierto con los primeros rayos de sol que se cuelan entre las sábanas. Pero no quiero despertar. Me cuesta abrir los ojos y siento un peso que me oprime. Prefiero volver a dormir en un sueño intenso y enredarme en mis sueños, perderme. Son sueños que engañan de la formas más dulce. Lo sé. Pero por favor, no terminéis, prefiero seguir soñando. Irremediablemente despierto. La historia de un nuevo día me espera pero parezco no quererla afrontarla. ¿Que siento? Me levanto y me miro en el espejo. Me observo. Me miro a mi misma a los ojos. Y entonces lo encuentro…. tengo miedo. Y no puedo evitar sentir un terror espantoso y receloso que me rompe. Rompe mis esquemas y de repente no existe el equilibro. Equilibro que cuantiosos fingen y realmente ninguno tiene. Me he prometido tanto a mi misma que siento que me he fallado. Porqué sí, tengo miedo, pero sobretodo, esta vez no quiero esconder que tengo miedo. No quiero vestirme con una falsa sonrisa. Quiero permitirme sentir miedo y romper en parte aquello que siempre fui, una aparencia de normalidad. Me aterroriza lo que puedo dejar atrás y mostrarme vulnerable. Pero no creo que pueda encontrar otra salida a la angustia que me oprime. Hoy no tengo ganas de fingir. Hoy el orgullo de ser quién soy, de no querer cambiar por nada ni nadie, no tiene ningún significado. Porqué no se trata de cambiar quién soy, ni de sentir orgullo por simplemente ser. Se trata de aceptarme con mis mil historias diferentes, de aprender de lo vivido, y de crecer en el camino. Ahora entiendo lo que he aprendido del miedo. Aquel instante donde los elementos que te rodean cambian para ti aunque todo siga en una misma y perfecta semejanza para los demás. Aquel instante donde eres más que nunca vulnerable, y sí, tienes miedo, pero entiendes que esto también forma parte de ti. Necesitas sentir miedo para poder pensarte a ti misma. Necesitas no entender que te ocurre para observarte y darte la oportunidad de aprender y crecer. Necesitas ser vulnerable para reconocerte a ti misma que no eres perfecta y que ¡no pasa nada! porque eso también te permite construir tu historia. Vivir es en definitiva un camino que construye el verbo sentir, así que sentir miedo hoy me hace vulnerable, pero también me hace más yo, más única. Y doy gracias al miedo por enseñarme a crecer.

 

Esto es lo que yo escribí sintiendo que sí, que era vulnerable y que tenía miedo. Y vosotras, ¿os habéis sentido así alguna vez? ¿Que opinaís sobre compartir la vulnerabilidad, deberíamos hacerlo más?

 

Un abrazo,

Munsa

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2 Comentarios
  • Ana Baena
    Posted at 21:05h, 17 septiembre Responder

    Hola Martina!

    Soy Ana, la compañera de Tania, pero ahora con mi identidad!jejeje Me ha encantado tu entrada!
    Me he sentido así muuuchas veces! y pienso que no es malo compartir ese miedo e inseguridad que a veces nos paraliza.

    Deberíamos verbalizarlo más y normalizarlo. Creo firmemente en que no deberíamos fingir tanto y ser más naturales, respetarnos, conocernos y dejarnos ser nosotras mismas, sin presiones ni tabúes. Es un trabajo lento, duro y en ocasiones no recibimos una buena «respuesta»del entorno, que no está familiarizado con está desnudez de los sentimientos. Pero antes de educar a la sociedad, el trabajo empieza en nosotras y así, esperemos, que poco a poco todo sea mucho mejor.

    Enhorabuena por la entrada!

    • Munsa | Martina Maresme
      Posted at 21:20h, 19 septiembre Responder

      Hola Ana!
      Muchas gracias por tu comentario 🙂
      Me encanta que compartas esta visión. Pienso exactamente como tu, es un camino lento y difícil pero el miedo es también parte de nuestras vidas (de la de todos) y debemos normalizar tener miedo. Así es como puede aprenderse de él.

      Mil gracias por leerme!

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