Trabajar en femenino: el suelo pegajoso

Trabajar en femenino: el suelo pegajoso

Hoy vuelvo con un nuevo post en el blog y, además, con nueva sección ¡EN FEMENINO! A partir de hoy cada viernes te compartiré realidades, reflexiones, datos y curiosidades sobre lo que significa el trabajo, el éxito y la carrera profesional para las mujeres. El trabajo como tal es una institución más de nuestra sociedad, define en gran parte quien somos y ocupa una parte importante de nuestro tiempo. Pero para hombres y mujeres trabajo no significa exactamente lo mismo. Aunque en una época de cambios y transformaciones como la que estamos viviendo podemos coincidir en muchas situaciones es también una realidad que las mujeres tenemos una peor situación en el mercado de trabajo que nuestros compañeros.

Después de una crisis económica que ha consolidado y generalizado la precariedad en nuestro mercado de trabajo, es decir, los contratos parciales o temporales se han generalizado al mismo tiempo que la calidad de la ocupación (salarios, horas trabajadas, condiciones de trabajo, etc.) no ha mejorado. Y las mujeres sufrimos con mayor intensidad estas situaciones: más tasa de paro femenina, mayor tasa de temporalidad y también de parcialidad en nuestros contratos. Pero lo que significa trabajar en femenino no lo explica tan sólo la situación económica actual. Lo explica también nuestro papel social y una realidad estructural desigual de las mujeres en el mercado de trabajo que viene de lejos y que iremos desgranando durante esta nueva temporada.

Por eso hoy quería hablaros de un término poco conocido pero, creo, muy definitorio y real para un gran número de mujeres: el suelo pegajoso.

 

¿Que es el suelo pegajoso?

Quizás has oído hablar, y hablaremos también más adelante de él en este espacio, del fenómeno del techo de cristal. Pero existe otro fenómeno emparejado menos conocido y visibilizado pero igual de importante para hablar de la situación que vivimos las mujeres en nuestra peculiar excursión por el mercado de trabajo, el suelo pegajoso. Una metáfora que permite explicar la desigualdad de género estructural del mercado de trabajo que relega a un gran número de mujeres a los sectores de actividad con peores salarios y remuneraciones, tradicionalmente femeninos, como los trabajos relacionados con la limpieza y el cuidado de mayores, enfermos y niños (un pez que se muerde la cola: mujeres que trabajan en peores condiciones, en trabajos que son vistos como “femeninos”, y que, por lo tanto, emplean a mujeres).

Pero esta metáfora también se refiere a otra barrera que recae especialmente sobre las mujeres: la doméstica. La falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar y los cuidados en el ámbito privado, que a pesar de las mejoras siguen recayendo sobre las mujeres de forma mayoritaria, suponen otro impedimento para el progreso profesional de muchas mujeres que sienten sobre sus espaldas el peso de la conciliación y la maternidad. Las mujeres trabajamos muchas horas en casa, en tareas invisibilizadas y no remuneradas, pero que no sólo son una pieza clave de nuestra sociedad, sino que son también una fuente de riqueza (según la OIT, Organización Internacional del Trabajo, representan de hecho el más del 10% del PIB).

A las mujeres nuestra realidad se nos engancha a los pies y no nos impide avanzar como nos gustaría. Nuestras dificultades para acceder al mercado de trabajo y a mejores ocupaciones parten de aquí, de una desigualdad presente en nuestras realidades, creencias y vivencias de una forma u otra, algo que podemos trabajar con un coaching pensado realmente para nosotras. Por suerte las cosas están cambiando y, por ejemplo, cada vez más mujeres rompen la barrera del miedo a emprender, de la que os hablaré la semana que viene.

Espero que os guste esta nueva sección y espero vuestras opiniones, recomendaciones e impresiones en comentarios.

¡Besos!

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