Reinvención profesional, mi propia historia

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Reinvención profesional, mi propia historia

Hoy os traigo por aquí una nueva historia: la mía. En estos últimos meses estoy escribiendo mucho, para soltar y vaciar aquello que ya no me sirve y agradecer por todo lo que sí quiero en mi vida. Así fue como el otro día me di cuenta de que, sin pensarlo demasiado, había escrito mi propia historia de reinvención profesional. Una mezcla de aprendizajes y errores, de emociones, vivencia y momentos, que me apetecía mucho compartir contigo hoy.

Espero que te guste…

Hace 8 años mi mundo giró. Todo aquello que creía que yo era, de golpe, sin mediar palabra, se desvaneció. Se mezclaron en mí una combinación de emociones a las que es difícil poner palabras. Quizás podríamos decir que fue un cóctel de sorpresa, tristeza, dudas, paz y motivación. Sí, lo sé, suena un poco contradictorio.

Así me sentía yo. Contrariada. Como si mi mente y mi corazón jugarán una partida en la que yo solo observaba como la pelota iba de un lado al otro. No faltaban los espectadores que intentaban dar la razón a uno u otro. Aunque, si soy sincera de verdad, la mayoría apoyaba a la cabeza y entendía poco al corazón. Y así me lo decían cada vez que tenían la oportunidad.

Ahora pienso en aquella Munsa, la de hace 8 años, y no puedo estar más orgullosa de ella. Fue la primera vez que, después de años de terapia y trabajo propio, se dejó guiar por su intuición. Escuchó lo que la ansiedad, la opresión en el pecho y el dolor de cabeza le estaba mostrando. Era un nuevo camino. ¿Desconocido? Sí. ¿Sin sentido, como muchos afirmaban? Para nada.

Allí descubrí por primera vez la importancia de los guardianes. Eran pocos pero me agarré a ellos con todas mis fuerzas. Dar ese paso, cambiar radicalmente de estudios de la ingeniería a las ciencias políticas no era fácil. Jamás había nombrado esa carrera. Entonces, ¿cómo podía estar tan segura? No lo sabía, pero lo estaba. Y por eso decidí entregarme a mis guardianes y hacer oídos sordos a todos los que decían que me arrepentiría.

Quizás fue un error no haberlo hecho antes. No entender tiempo atrás que las cosas no cuadraban. Pero las cosas llegan cuando es el momento y, supongo, el mío era aquel. Aquel momento en que sin saber muy bien como di un paso valiente, sin renunciar a mi miedos, pero con la seguridad de confiar en mí, quizás, por primera vez.

La Munsa de ahora, si pudiera, le diría a su yo pasado que no se preocupe, que lo está haciendo bien. Que no sólo debe estar segura, sino que va a ser una de las mejores decisiones de su vida. Porque así fue. Estudiar ciencias políticas cambió mi mundo y mi rumbo. Me enseño más del mundo y de mi misma. A implicarme en mis valores y a escuchar siempre al otro. Me enseño gran parte de lo que hoy soy.

Y aún así, esa parte del camino también tuvo un final. Después de años de aprendizajes y crecimiento terminé la carrera y algo no encajaba en mí. Sentía que en ese tiempo me había transformado y ya no era la misma. Mi mundo tampoco era el mismo y la gente que me rodeaba, en gran parte, tampoco. Algunos cambios escogidos e incluso celebrados, otros vinieron sin quererlo y otros, para que engañarnos, me hicieron sufrir.

La cuestión es que sentí de nuevo que mi intuición me llamaba. Sentí que si me escuchaba de verdad el camino ahora era otro. Aun así, esta vez, me sentía mucho más perdida. Mi cuerpo lo notó. De nuevo ansiedad, migrañas y fatiga. Y decidí no profundizar en lo que quería o no quería ni tampoco en mi futuro, sino invertir tiempo en mí. Sentía que había llegado el momento de conocerme mejor, de abrir las puertas del mundo a partes de mí que seguían escondidas. Así fue como, poco a poco, durante unos dos años, fueron apareciendo piezas que empezaban a encajar.

Entonces, un día, decidí cambiar de rumbo agradecida a todo lo que dejaba atrás. En un paso valiente que durante un tiempo me pareció totalmente incoherente. La realidad es que durante un tiempo estuve luchando conmigo misma. Tuve que revisar profundamente mis creencias y mis valores. Quedarme con aquello que realmente era mío y desterrar lo que venía de fuera o de otros. Encontrar referentes que encajaran con mis ideas y ver que sí era posible. Sentir, en definitiva, que no estaba sola y que, sobre todo, estaba conmigo.

Así fue como llegué al coaching y al poder de las mujeres. Así fue como decidí unir ambas cosas y hacer aquello que me llenaba. Algo que va más allá de un trabajo y que se ha convertido en un propósito. Un espacio que me permite crecer y aprender cada día. Porque en cada momento que tengo la oportunidad de acompañar una nueva mujer en su camino ella crece y aprende, pero yo, a su lado, lo hago aún más.  

Hoy no solo me siento profundamente orgullosa y agradecida, hoy sobre todo me siento inmensamente yo. Con mis luces y todas mis sombras. Consciente de que este no es tampoco el final del camino pero que sí es mi presente. Es lo que hoy siento que hago desde mi esencia y, quizás mañana, quien sabe, algo vuelva a cambiar. De momento solo persigo saborear este momento dulce donde, una vez más, las piezas han vuelto a encajar.

Y de momento, hasta aquí…

Espero que os hayan gustado estas líneas que han traspasado el papel para quedarse en este espacio. Espero que, si lo necesitas, te inspiren, motiven o refuercen con mucho amor. Y, si quieres contarme tu experiencia, seré feliz de poder leerte al otro lado y compartir contigo.

Un abrazo enorme y mil gracias por leerme,

PD: si te encuentras en un momento parecido, si sientes que quieres un cambio o aclarar tu camino, me encantará acompañarte en este intenso viaje de autoconocimiento y transformación. Si te apetece contarme un poco más y que te cuente como te puedo sostener, te espero por aquí.

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