¿Qué es la productividad? (parte 2)

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¿Qué es la productividad? (parte 2)

En el post de hoy vamos a seguir indagando sobre el tema de este mes, la productividad. Estoy segura que este post puede ayudarte a entender mejor qué tipo de productividad funciona bien contigo de acuerdo con tu valores. Así como las diferencias entre una productividad de calidad y de cantidad. También hablaremos de creencias limitantes y de qué manera puedes crear tu propia fórmula que funcione.

La semana pasada te invité a reflexionar sobre tu propia definición de productividad en mi último post. Además, también te conté mi propia visión de la productividad que utilizo en mi trabajo y sesiones de acompañamiento. Las nuevas perspectivas y escenarios en el mercado laboral nos obligan a repensar conceptos como este y a dotarlo de un nuevo significado. Eso es especialmente importante para las mujeres, puesto que los entornos productivos en los que nació su primer significado eran fuertemente masculinizados.

¿Productividad en cantidad o productividad de calidad?

Cuando pregunto a mis clientas si prefieren una productividad de cantidad o de calidad muchas se quedan pensando. No es una pregunta que se hayan hecho antes. Y exactamente, ¿qué diferencia hay entre tener una productividad de cantidad o de calidad?

La productividad de cantidad es aquella que pone el foco en el hacer. Una productividad enfocada en hacer más en menos tiempo. Por lo tanto, muy enfocada en los resultados. En cambio, una productividad de calidad es aquella en la que trabajas mejor. La que establece objetivos de trabajo realistas y prima el hacer mejor. ¿Eso quiere decir que no vemos resultados con una productividad de calidad? No, ni mucho menos, pero no sólo vemos los resultados, sino que nos sentimos cómodos llegando a ellos.

¿Alguna vez te ha pasado que has cumplido con todos tus objetivos pero al terminar te has sentido cansada y apagada? ¿Has sentido que, aún tachando todo lo que tenías en tu lista o cumpliendo los plazos, tu trabajo no te hacía sentirte cómoda? Esa son las sensaciones que una productividad de calidad nos evita sentir. No todo tiene que ser rápido. Vivimos en una sociedad donde la hiperestimulación nos persigue y la inmediatez está a la orden del día. Pero siendo conscientes podemos cambiar eso en nuestra forma de trabajar.

Por eso, una productividad de calidad tiene dos elementos claves: objetivos realistas y el descanso. El día tiene 24 horas, pero no podemos estar 24 horas al día trabajando. Ni 12 horas. Ni siquiera todos los días podemos trabajar 8 horas de forma productiva. Así que una parte importante es establecer metas diarias que realmente podamos cumplir. Y, por otra parte, en nuestras 24 horas debe haber tiempo para el descanso. No sólo me refiero a dormir o a desconectar, sino a descansos de calidad que permitan recargar las pilas a nuestra mente.

¿Productividad 24 horas, es posible?

Hubo una época en mi vida en la que me “obsesioné” tanto con ser más productiva (enfocada en la cantidad) que tenía la sensación que incluso cuando dormía tenía que serlo. Buscaba fórmulas para aprovechar los trayectos en metro para trabajar, el tiempo de las comidas o incluso en la cama, antes de dormir. Y tengo que confesaros que eso era agotador. Aún así tenía la sensación de no llegar a todo. Me atormentaba por cualquier pequeño espacio de mi día que no fuera aprovechable. Hasta que la vida me dijo que STOP. Cuando la ansiedad volvió a asomarse vi claro que era el momento de parar y cambiar algunas cosas.

Fue entonces cuando indagué mucho en temas de productividad personal y, me di cuenta, que sólo cuando el enfoque era desde la calidad me hacía sentir cómoda. Ser productiva 24 horas no es posible. No quiero aprovechar al máximo mi día para hacer cosas. Cuando acaba mi día lo que más agradezco es haberlo vivido. Y eso no siempre tiene que ver con lo que he “hecho” en modo producción. En nuestros días tiene que haber momentos para todo, y los de descanso, desconexión y divertimento son igual de necesarios. Una vez me dijeron, “¿verdad que no hay sol sin luna, ni día sin noche? Imagina lo mismo en este caso, no hay hacer sin descanso, ni trabajo sin desconexión”. Y creo que lo define a la perfección.

¿Qué creencias nos limitan para poder ser productivas?

Hay muchas creencias limitantes que nos impiden abrazar la productividad desde este enfoque de la calidad o, simplemente, nos impiden hacer. Obviamente cada persona tiene las suyas y pueden haber sido aprendidas en momentos y situaciones muy dispares, pero hay 3 creencias o situaciones que, por mi experiencia, se repiten de forma recurrente:  

1. Si sale mal no es productivo:

Nos han enseñado que el tiempo bien invertido es aquel que da resultados positivos. Con el tiempo, hemos aprendido que los errores son tiempo inútil. Cuando las cosas no salen como esperamos creemos que hemos perdido el tiempo. O que podríamos haberlo invertido en algo mejor. Pero el error es maravilloso, porque abre las puertas al aprendizaje. Así que cuando algo sale mal no pienses en el tiempo perdido, sino en todo lo que este tiempo te ha permitido aprender.

2. No tengo suficiente tiempo:

Otra creencia muy instaurada es pensar que no tenemos suficiente tiempo. “Lo haré cuando tenga tiempo”, “no tengo suficiente tiempo para hacerlo” son frases recurrentes en estos casos. Pero la realidad es que el tiempo es subjetivo. En la mayoría de los casos los problemas de tiempo no se resuelven por dedicar más tiempo, sino modificando el uso que hacemos de este.

3. Los ladrones de tiempo:

Está muy relacionada con la anterior, pero a mí me gusta hablar de ella de forma específica porque me parece muy importante tomar conciencia. Muchas veces lo que nos roba el tiempo son tareas o situaciones que sí podemos cambiar. Por ejemplo, la necesidad de ordenar para retrasar ponernos a trabajar, el perfeccionismo que nos impide acabar una tarea, el cotilleo en redes sociales o el desbloqueo continuo del móvil sin saber muy bien porqué, las reuniones infinitas sin un objetivo claro o la falta de priorización y claridad en nuestras tareas serían algunos ejemplos roba tiempos. ¿Te sientes identificado con alguno de estos ladrones de tiempo?

Hay otra tema muy interesante que es la actitud victimista que esconden muchas de estas creencias. Relegamos la responsabilidad en los demás o en cosas externas como si nosotras no pudiéramos ejercer el control. Pero eso no es verdad. Hay un post de Eva Gías que habla de esto y me encanta por lo claro que es sobre este tema. Así que te recomiendo mucho leerlo para acabar con tu actitud victimista.

Busca tu propia fórmula

Así que, como ya te contaba en mi último post, para mi encontrar tu propia fórmula es la clave. Aquella que te permita decir adiós a tus creencias limitantes y convertirlas en potenciadoras. La fórmula del bien hacer que resuene y encaje con tus circunstancias y valores. La que no se centre en lo que haces, sino en cómo haces, en la gestión y el aprendizaje. ¿Te animas a encontrar la tuya? ¿O tienes la suerte de tenerla ya?

En los post que estan por venir voy a darte algunas ideas sobre planificación y organización que pueden ayudarte con la productividad de calidad. Además, también voy a darte algunas ideas para que tu espacio de trabajo te ayude a ello y compartiremos muchas herramientas para que las pruebas y escojas las que más se adapten a ti en este momento.

¡Ah! Y si quieres trabajar a fondo tus creencias para liberar tus bloqueos a la hora de ser productiva y vivir tu propia transformación no olvides que mis sesiones reorienta son perfectas para ello. En una sesión de 60 minutos verás claro todo aquello que debes explorar, trabajar y cambiar para trabajar tiempo de calidad que te permita cumplir con tus objetivos con foco y planificación. Juntas crearemos tu propia fórmula de productividad para que no te sientas víctima de tus excusas o creencias. Pero eso sí, sin estrés ni agobios, con mucha calma.

Un abrazo gigante bonita,

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