¿Qué es el estrés y como funciona nuestro cuerpo?

¿Que es el estrés?

¿Qué es el estrés y como funciona nuestro cuerpo?

En este post vamos a conocer qué es el estrés. Cómo afecta a nuestro cuerpo y a nuestra mente y a diferenciar entre el estrés bueno (eustrés) y el malo (distrés). Todo ello con el objetivo de entender mejor lo que nos pasa cuando sufrimos estrés.

El pasado diciembre tuve la oportunidad de vivir 4 días de retiro dedicados por completo al estrés. Mis profesoras de yoga organizaron los 4 días con práctica de yoga, yoga nidra, meditación y también una parte más teórica de conocimientos. Aunque hace ya un tiempo que practico yoga nunca antes había estado en un retiro y… ¡debería haberlo hecho antes! Para mí fueron 4 días totalmente revolucionarios. Por el maravilloso grupo que nos unimos, la atención y mimo que sentí. Pero también por cómo mi cuerpo cambió en sólo 4 días. Y, sobre todo, por como mi mente empezó a entenderse. Después de meses de muchos cambios, con mucho estrés y ansiedad, dejé de juzgarme porque logré entenderme.

Si me sigues por instagram recordarás que escribí un poquito sobre ello y os compartí algunas imágenes del lugar, que era realmente precioso. Pregunté si os interesaba el tema del estrés y la respuesta fue mayoritariamente ¡sí!, así que a eso vamos. Este año, como te conté en este post, vamos a dedicar cada mes a una temática y el mes de enero vamos a hablar del estrés. Y el primer paso para empezar es entender qué es exactamente el estrés.

¿Que es el estrés?

Las investigaciones sobre el estrés en Occidente son recientes (empiezan hace unos 100 años aproximadamente) y han permitido demostrar que la interacción entre mente, cuerpo y entorno existe realmente. Estrés significa presión o tensión nerviosa y puede ser de tipo físico (una enfermedad), emocional (en una etapa de duelo) o psicológico (si sentimos miedo).

Como veremos un poco más adelante, el estrés no es malo de per se. Los cambios que el estrés produce en nuestro cuerpo pueden ser muy útiles si se producen adecuadamente. El problema es que en nuestra sociedad el estrés se ha cronificado, convirtiéndose en una enfermedad que somete a nuestro cuerpo a un desgaste y deterioro que acaba por pasarnos factura. En este caso las consecuencias para nuestra salud pueden ser múltiples: problemas en el sistema digestivo, debilitación del sistema inmune, ansiedad, depresión, trastornos del sueño o problemas en el sistema cardiovascular, entre otros.

Cómo funciona nuestro cuerpo

La respuesta que nuestro cuerpo da al estrés es compleja, pero podríamos diferenciar 4 fases principales. En una primera fase, los estímulos externos e internos llegan a nuestro cerebro, en concreto a nuestro sistema límbico (formado por el hipocampo y la amígdala) que decide si el estímulo que ha recibido es o no una amenaza.

En la segunda fase, o fase de alarma, se produce la respuesta de nuestro cuerpo frente a la amenaza que ha detectado. Entonces nuestro cuerpo se activa gracias a la noradrenalina y se prepara para luchar o huir. Para ello se dilatan las pupilas, el hígado libera glucosa (fuente de energía), se acelera el corazón y la respiración, etc. En este momento también se activa la amígdala, que produce una respuesta emocional en forma de agresividad (lucha) o miedo (parálisis o huída).

En la tercera fase, de resistencia, el cuerpo se prepara para movilizar al máximo sus energía. Lo hace poniendo en marcha las reservas que tiene y en “pausa” los sistemas que no necesita para ahorrar energía. Por ejemplo, el sistema inmune, las hormonas sexuales o del crecimiento. En la cuarta y última fase, la situación de amenaza se acaba y nuestro cerebro almacena la información como un nuevo aprendizaje. Es decir, guarda la información para utilizarla en el futuro si fuera necesario.

En este punto es importante resaltar que nuestro cuerpo reacciona igual a un estrés agudo (es decir, de corto plazo) que a un estrés crónico (prolongado en el tiempo). Es decir, nuestro cuerpo no diferencia entre un estrés que se da en un momento puntual frente a una situación concreta, a uno que se alarga en el tiempo y que puede considerarse de alguna forma exagerado.

La diferencia entre eustrés y distrés

La respuesta positiva o negativa que damos al estrés tiene que ver con cómo afrontamos la situación. Por ejemplo, como hemos reaccionado en situaciones similares en el pasado y de qué recursos disponemos. Depende por lo tanto de cada persona y nuestras reacciones delante de una misma situación pueden no ser las mismas.

En este sentido, existe un tipo de estrés que es bueno para nosotras y nuestro cuerpo. Es el llamado eustrés. En este caso nuestro cuerpo es capaz de enfrentarse a la situación y controlarla. Las reacciones que se producen son acotadas e incluso podemos obtener sensaciones placenteras como consecuencia de la adrenalina. Este estrés nos ayuda y estimula para superar nuestras limitaciones, correr ciertos riesgos que nos permiten crecer y abandonar nuestra zona de confort. Por ejemplo, cuando tomas una relación importante sobre tu futuro profesional seguro que sufres estrés, pero en la mayoría de los casos será un estrés bueno que te permitirá tomar la decisión y atreverte a dar nuevos pasos.

En cambio el distrés es aquel que ocasiona un exceso de esfuerzo para nuestro cuerpo y nuestra mente. El distrés puede estar provocado por un exceso de eustrés que ha mantenido nuestro cuerpo demasiado tiempo en alerta. Pero también por factores como el trabajo, las relaciones personales, frustraciones o el alcohol y el tabaco, entre otros. Aparece cuando no somos capaces de hacer frente a la situación que se nos presenta. El esfuerzo que requiere es demasiado para nuestro cuerpo.

La epidemia de nuestros días

El problema del estrés en nuestra sociedad es que sufrimos mayormente un estrés malo o distrés crónico que nos enferma. Nuestras situaciones de amenaza ya no son las mismas que en la prehistoria. Ahora luchamos contra amenazas que tienen que ver con lo psicológico y lo social. Como hemos visto las enfermedades físicas y mentales que puede producir el estrés son numerosas. Es por lo tanto evidente que es un problema que debemos abordar.

En mi opinión el estrés es la epidemia de nuestros días. Y si hablamos de estrés laboral, es la rutina de nuestro trabajo. Según un estudio de CinfaSalud avalado por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, nueve de cada diez ciudadanos de entre 16 y 65 años han sentido estrés durante el último año, y el 42% de forma continuada. Y aquí, las mujeres también estamos peor. Nosotras percibimos un mayor nivel de estrés. De hecho, una de cada dos mujeres lo sufrimos, mientras que en lo hombres la cifra se reduce a uno de cada tres.

En el ámbito del trabajo, España es uno de los países con más estrés laboral, con cifras cercanas al 60% de los trabajadores que afirman experimentarlo según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). Más de 10 millones de personas estresadas en España como consecuencia de su trabajo (o la falta de él). De hecho, más de una cuarta parte de las bajas están relacionadas con el estrés y, según datos d’Eurostat, en 2016 el 40% de los accidentes laborales estaban también relacionados. ¡Uau! ¿No os parecen cifras realmente alarmantes?

Primer paso: entender para no juzgar

En mi caso creo que nací estresada (era un bebé con problemas de sueño, así que imaginar) y es que realmente hay personas que somos propensas a sufrir estrés crónico. Durante mucho tiempo me culpé por no saber gestionar mis emociones. Por reaccionar de manera exagerada y sin sentido frente a cosas que otra gente podía afrontar con total normalidad. Si has leído mi apartado sobre mí sabrás que sufro ansiedad desde los 15 años e incluso he padecido depresión. Y el estrés psicológico y emocional tiene mucho que ver en eso.

Pero descubrir que había una respuesta de mi cuerpo que me hacía reaccionar así me ayudó muchísimo. Ni estoy loca ni soy rara. Simplemente mi cuerpo ha almacenado una serie de experiencias y tiene una forma de afrontar las situaciones. En mi caso no es la ira, sino el miedo irracional que me produce ansiedad. Todo tiene una respuesta y una explicación en forma de cuerpo, mente, sistemas y glándulas. Vivo en una alerta constante por no saber responder correctamente, y eso provoca mi ansiedad. Y por eso no quiero juzgarme ni culparme. Sino escucharme, entenderme y aprender. Y, sobre todo, estar mucho más presente. Pero eso mejor te lo cuento en el próximo post.

Y tú, ¿sufres estrés con normalidad? ¿Sientes que hay muchas situaciones que se te escapan y no puedes controlar? ¿Eso te ha provocado alguna enfermedad o dolencia? Me encantará escucharte en comentarios.

Un fuerte abrazo,

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