Las 5 claves para apoyar el 8 de marzo

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Las 5 claves para apoyar el 8 de marzo

El 8 de marzo es el día de la mujer trabajadora y, en estos últimos años, un día lleno de reivindicaciones. A menudo me enfrento a preguntas como: ¿tiene sentido celebrar el 8 de marzo? ¿Qué problemas laborales tienen las mujeres que no tienen los hombres? ¿Y de verdad los problemas se arreglan con un día en el calendario? Así que en este post me he propuesto dar un poco de luz a estas preguntas y dudas repasando los 5 principales problemas que las mujeres tienen en el mercado laboral español.

8 de marzo: ¿tiene sentido?

El 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer fue declarado por la ONU en 1975. El porqué de este día como el escogido para celebrar esta jornada reivindicativa en pro de la igualdad tiene distintos hitos históricos importantes en el mes de marzo, que podéis leer en este artículo . Pero el primer hito importante sucedió el 8 de marzo de 1857, en plena revolución industrial, cuando un grupo de trabajadoras del sector textil decidió salir a la calle a protestar por las duras condiciones laborales. Las protestas tuvieron gran repercusión. Así, aunque acabó con la violenta intervención policial, aquella manifestación marcó un primer precedente en la lucha por los derechos de las mujeres.

En la actualidad, en nuestro país las mujeres se enfrentan por ejemplo a la brecha salarial, la falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar y los cuidados o a las altas cifras de desempleo en comparación a los hombres a pesar de tener mayor formación. También sufren más la precariedad de los contratos, puesto que las mujeres tienen más contratos temporales y a tiempo parcial, siendo además el cuidado el principal motivo de las jornadas parciales de las mujeres, así como de solicitar una excedencia que no siempre garantiza el retorno al mercado laboral. Tampoco aparecemos en los lugares de responsabilidad o de dirección, y, además, los sectores o trabajos feminizados tienen una peor valoración que los tradicionalmente masculinizados. Una desigualdad que llega hasta la jubilación: sólo un 37,1% de mujeres cobra pensión por jubilación, y las que la tienen, reciben un 62,4% de lo que ganan los hombres de media.

Por eso el 8 de marzo centra sus reivindicaciones, en gran parte, en la situación de la mujer en el mercado laboral. Especialmente en la mayor precariedad del trabajo femenino, la persistencia de barreras (suelo pegajoso y techo de cristal) para la proyección profesional, así como la discriminación en materia de salario o la invisibilización de las tareas de cuidado pese a la carga que suponen.

Los 5 problemas de las mujeres en el mercado laboral

Como hemos visto los problemas y reivindicaciones desde el punto de vista de las mujeres y el trabajo engloba múltiples ámbitos. Pero, en mi opinión, hay 5 ejes principales que nos permiten explicar de forma resumida y fácil que se encuentran las mujeres en el mercado laboral: brecha salarial, segregación ocupacional, barreras al emprendimiento, conciliación y liderazgo.

La brecha salarial se traduce en que los hombres ganan en nuestro país un 23% más que las mujeres. A pesar de lo que muchas personas creen esta brecha no se produce de forma directa (aunque también, pero cada vez menos) sino que se encuentra estrictamente relacionada con la predisposición de asumir cierto roles y tareas, por ejemplo, ocurre con las tareas de cuidado o la maternidad. También tiene mucho que ver con la segregación ocupacional, es decir, las mujeres se concentran en ocupaciones de trabajo concretas muy relacionadas con el rol que tradicionalmente han tenido en la sociedad (cuidados, labores del hogar, atención de la familia, educación, sanidad etc.). Es decir, en sectores altamente feminizados que perciben una retribución salarial y valoración social mucho menor que los sectores masculinizados.

Además, las mujeres tienen muchas más barreras para emprender negocios propios. En concreto cabe destacar los factores informales, puesto que varios estudios han demostrado ser los más influyentes. Es decir, la propia percepción de las mujeres sobre sus habilidades y capacidades para emprender, el rol familiar que han asumido o la falta de modelos de empresarias a quién seguir, así como un perfil emprendedor distinto que en las mujeres se define como una menor propensión al riesgo y mayor autoexigencia de logro, provocan que el porcentaje de mujeres emprendedoras sea menor que el de los hombres.

Algo parecido a lo que ocurre cuando hablamos de liderazgo y observamos las pocas mujeres que en nuestro país asumen cargos de responsabilidad. En las empresas que forman parte del IBEX 35 las mujeres representaron en 2017 tan sólo el 20% de media en los consejos de empresas. Numerosos análisis, además, apuntan a la existencia de un liderazgo propio femenino que difiere en forma y objetivos con el de los hombres. Así, las mujeres tienden a relaciones de poder más horizontales, democráticas y participativas, mientras que los hombres son más competidores y autocráticos. Un liderazgo femenino, de momento, poco valorado en nuestro mercado laboral, fuertemente infravalorado por los estereotipos y roles de género.

La conciliación y la falta de corresponsabilidad, uno de los principales retos

En último lugar, la conciliación entre carrera profesional y las tareas que supone la familia y el hogar es para mí uno de los temas más importantes cuando hablamos de problemas y reivindicaciones. En España, de la misma forma que sucede en otros países del sur de Europa, la familia es un elemento destacado en los roles atribuidos socialmente a las mujeres y, a pesar de los cambios sociales y culturales de las últimas décadas, la posición de las mujeres en el entorno familiar es aún un importante factor a tener en cuenta en relación a su participación en el mercado de trabajo. Las mujeres dedican, de media, 5,9 horas menos a la semana al trabajo remunerado que los hombres y, por el contrario, 12 horas más que ellos al trabajo no remunerado. Los cuidados penalizan de forma clara a las mujeres y, en muchos casos, puede suponer el abandono definitivo del mercado de trabajo.

Y entonces el 8 de marzo, ¿para qué sirve?

El 8 de marzo, de la misma forma que cualquier día internacional de los muchos que tenemos en el calendario sirve para dar visibilidad y aumentar la conciencia en nuestra sociedad. Obviamente un día no hará que mejore la tasa de paro femenina, la corresponsabilidad en las familias o desaparecerá el techo de cristal. Pero sin duda mucha gente reflexionará sobre ello y permitirá a muchas mujeres expresar su malestar o indignación por nuestra situación. Muchas personas, incluso los más pequeños, oyen hablar por primera vez de algunos de estos problemas gracias a la difusión que estos días se da en los medios de comunicación, instituciones públicas, escuelas, etc.

Por eso el 8 de marzo aún tiene que existir. Porque en general en la sociedad, pero en el mercado laboral en particular, la igualdad entre hombres y mujeres aún está lejos. Hemos avanzado, sí, pero aún no hemos recorrido todo el camino para poder vivir en condiciones de igualdad real. Por eso hoy muchas mujeres expresaran su deseo de ser iguales y de tener los mismos derechos. Cada una encontrará su manera, su fórmula de poner su granito de arena, pero entre todas las mujeres y, con el apoyo de los hombres, estaremos seguro cada vez más cerca. Por mi parte saldré a la calle y he decidido secundar la huelga, pero, además, también dedicaré este mes en ahondar en algunos de los problemas planteados y a invitaros a reflexionar un poco más sobre ello. Así que os espero por aquí.

Un abrazo grande,

PD: si alguien quiere saber un poco más sobre este tema y sobre como el coaching puede ser una herramienta poderosa para superar barreras como esta os invito a leer mi trabajo final de máster, publicado por la Universitat Oberta de Catalunya, que trata precisamente de este tema.

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