Mi agradecimiento a junio

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Mi agradecimiento a junio

Último día del mes de junio, primeros días de verano, primer mes para materializar los cambios. Como os contaba hace unas semanas, cada mes quiero compartir un pequeño diario de vivencia sobre el mes que dejamos atrás. Un pequeño ritual de agradecimiento y de espacio para reflexionar. Y junio, con su bienvenida al verano, ha dejado muchos momentos para ello.

Mi propia forma de hacerlo bien

Me ha costado verlo, sí, pero si somos personas, todas diferentes, con nuestras luces y nuestras sombras, ¿cómo podemos pensar que existe una única forma de hacer las cosas bien? Ahora entiendo que bien es subjetivo. Que depende del momento, las circunstancias, emociones, vivencias y valores. Que bien en realidad no existe. O existen tantos como personas. No sólo como personas, sino más bien como momentos. Que incluso lo que para mi hoy es bien, quizás mañana no lo sea.

Y así, con el tiempo, he perdido el miedo a equivocar-me. No sólo porque de los errores he aprendido siempre más que de los aciertos. Sino porque equivocar-se tampoco existe. Este mes me ha enseñado a confiar. En la vida, en las personas, en mi misma. Y hay muchas cosas que no entiendo. Pero estoy aprendiendo a vivir con la incertidumbre, a pedir ayuda -y agradecerla mucho-, a compartir miedos y a abrazar lo que duele. Este mes no ha sido -nada- fácil y, aún así, ha sido inmensamente feliz. Algunas personas dicen que se refleja en mi cara. Que me ha cambiado la luz.

Quizás sea porqué he perdido el miedo a no ser suficiente. He entendido que soy todo lo que ahora soy y que así debe ser. Me he querido más.

Observar lo invisible

Todos estos aprendizajes e incluso los que no están por escrito me han permitido observar lo invisible. Aquello que no siempre se ve pero que siento parte de mí. Me he enamorado un millón de veces de lo sutil. Me he permitido regodearme en los pequeños detalles. En la magia que no se paga con dinero, sino que se vive con amor.

El poder del círculo, de la tribu, de la red que sostiene incluso cuando no está. Perdón, cuando no se ve, porque estar sé que está. En definitiva, el poder cuando te abres a compartirte y decides no crecer o avanzar en solitario. Cuando decides hacerlo acompañada de verdad.

Porque es entonces cuando puedes descubrir mucho más de ti. Cuando redefines lo masculino para poder abrazar lo femenino en equilibrio. Cuando conectas con la madre tierra. Cuando entiendes un poco más tus ciclos y las distintas mujeres que hay en ti. Cuando ritualizas la despedida de tiempos de estar para adentro para abrirte a todo lo que esté por venir. Cuando el verano cala en cada parte del cuerpo. Entonces, que bonito ser.

Reconocerme cada día un poco más

Los días de junio también han sido días de tener mi propósito muy presente. De sentir que durante mucho tiempo me había cerrado a cosas que me hacen bien pero que ahora podía recuperar. He cambiado mis rutinas que ahora son mucho más yo que antes. He ofrecido mi acompañamiento a todas las mujeres que lo necesitan, desde mi más profundo amor y sabiendo que ese es mi propósito. He traspasado barreras para seguir creciendo. Y cuanto me gusta mirar atrás y ver que en sólo 30 días he aprendido tanto.

No te olvides…

Espero que te hayan gustado estas pequeñas reflexiones. Que compartas si quieres conmigo lo que te han despertado o lo que ha sido para ti este junio. Pero de la forma que sea, no desaproveches la oportunidad de agradecer por lo vivido y aprendido. Incluso aunque ahora duela. Incluso cuando es difícil. Porque cuando menos lo entendemos es cuando más debemos confiar.

De corazón, muchas gracias por estar al otro lado y leer mis palabras.

Un abrazo grande,

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